martes, 26 de mayo de 2009

Necesito calma

En días como hoy, necesito calma. Tengo el cuello rígido de la tensión, lo que hace que me duela la cabeza. Algo que ya ni recuerdo ha actuado como resorte, y ahora tengo que lidiar con este malestar. El viernes tenía una cita en el Ayuntamiento para entrevistar a alguien.

El Ayuntamiento de mi ciudad es un antiguo castillo, y hace pocos años fue restaurado para albergar la casa consistorial. Qué desagradable fin.

Llegué antes de lo acordado a mi cita, y además, mi entrevistada se retrasaba. Me senté en un regio banco en el patio central del castillo, vacío debido a la celebración de Santa Rita, patrona de los funcionarios. Me dediqué a respirar en el silencio, en el frescor de la umbría, disfrutando del susurro chorreante del agua de una fuente que decora el patio, y observando a una bandada de golondrinas que volaban una tras de otra alocadamente, en círculos, persiguiéndose entre las columnas sin errar nunca la trayectoria.

El cielo era azul, el griterío de los pájaros, el frescor del patio, el cántico del agua... duró tan solo cinco minutos, pero fue estimulante para empezar el día. Aquí os dejo un video que grabé, y que no hace justicia al momento.

Necesito calma...

video

jueves, 21 de mayo de 2009

Obsesiones y mitos: la Dalia Negra


Las redes sociales tienen a veces efectos en curiosos en las personas. El caralibro, por ejemplo, juega un papel destacado en el desarrollo de esta historia.

El caralibro tiene multitud de juegos y tests absurdos que uno cumplimenta para darse a conocer un poco más a los demás, en un ejercicio inocente (la mayoría de las veces) de exhibicionismo. En uno de estos tests, una amiga, inteligente y sensible donde las haya, refería a cinco personajes a los que resucitaría. Y entre ellos estaba Elizabeth Short.

No la recordaba, hasta que mi amiga me la recordó. Y por un momento contuve el aliento. No me considero una persona especialmente impresionable, pero el caso de Beth, que ya forma parte del imaginario colectivo del horror, ha sido una de las historias que más me han impresionado en toda mi vida.

Para quien quiera informarse cumplidamente de lo que acaeció a esta aspirante a actriz, puede encontrar millones de entradas de blog como ésta hablando extensamente del asunto, ver las cruentas y terribles imágenes del estado en que encontraron a esta mujer, y detalles de toda la investigación que acarreó el asesinato no resuelto más famoso de Los Ángeles. Yo os dejo aquí un link de una página web americana, un tanto sensacionalista, que incluso vende chapas pidiendo "justicia" para Beth Short.

En lo que a mí respecta, este asesinato me marcó desde el día que lo conocí, y es difícil de olvidar. Anoche, recordando, volví a ver la secuencia de fotografías que se conservan y se han difundido ampliamente por la red de la pobre Elizabeth, una muñeca rota, dantesca, la representación más tremenda que nunca he visto del desprecio hacia la mujer como ser, hacia la propia feminidad. Un sinsentido, una aberración, porque todo lo que sufrió no puede ser justificado de ningún modo. Como bien recordaba mi amiga en el caralibro, Beth sólo quería ser querida, llamar la atención de alguien y que la cuidasen. Su destino nadie podía imaginarlo, salvo la persona que seguramente lo estuvo soñando y deseando con manos temblorosas durante más de una noche. Me costó conciliar el sueño.

Lo que más me llama la atención de este suceso es la cola que ha traído. Novelas, estudios, ensayos, investigaciones amateurs, y más de un oportunista que ha intentado lucrarse aseverando poseer nuevos datos acerca del caso. Pero llama muchísimo la atención que, en su gran mayoría, son hombres los que han desarrollado una extraña fascinación por este caso. El desmembramiento de Beth podría tener un paralelismo con ese sentimiento que retrataba Buñuel en su película Tristana, protagonizada por la bella Catherine Deneuve. La película gira en torno a la falta de un miembro, concretamente una pierna, de la protagonista. La pierna que no está es el objeto de deseo, lo que atrae las miradas de los espectadores. La deconstruida Beth ejerce sobre muchos una especie de atracción similar e inexplicable.

Quede aquí mi particular homenaje, si es que se le puede llamar así, o recuerdo, o reconocimiento de que la impresión que causó en mi Elizabeth Short se la podía haber ahorrado la larga tradición de psichokillers que nos ha dado USA. In God we trust.

martes, 12 de mayo de 2009

Adiós al pálido trovador



Me sacude la noticia, una noticia triste, aunque no inesperada. Ha fallecido Antonio Vega, tras una larga neumonía, con un cáncer de pulmón, y otros lastres que se fue colgando a lo largo de su vida.

Recuerdo la primera vez que escuché una canción suya. Como para muchos, mi primer flechazo fue con su tema 'El sitio de mi recreo', una canción hermosa, tranquila, con un eco lejano de muerte, de desolación, de lejanía. Su voz, clara, limpia, te decía las cosas de una manera directa, como cuando dices algo muy importante, muy sentido, mirando a la otra persona a los ojos.

A partir de ahí, fue mi padre el que empezó a comprar discos de Nacha Pop, y pude disfrutar de otras canciones como 'Lucha de gigantes', que es una de mis preferidas. 'En un mundo descomunal, siento mi fragilidad...'

En sus discos en solitario también encontramos, mi padre y yo, letras hermosas y emocionantes, interpretadas por este hombre frágil y cristalino, consumido por sus adicciones, y que, según me ha contado una amiga que le conoció, era un hombre de una inteligencia sobrehumana, al que interesaba sobremanera el cosmos, las ciencias, las estrellas...

Al final su cuerpo no ha aguantado más. Me impactó, y lo recuerdo ahora, el último programa que hizo Miguel Bosé para Televisión Española, en el que interpretaba canciones de su disco Papito acompañado de numerosos artistas. Uno de ellos era Antonio Vega, que en un momento del programa aparecía sentado en un pequeño sofá, si no recuerdo mal. Se le veía pequeño, agotado, a punto de quebrarse, y recuerdo perfectamente a Miguel Bosé, sentado a su lado casi sin querer rozarle, consciente de que si se movía mucho podría estallar el cristal del que estaba fabricado Vega, y pude ver en los ojos de Bosé la emoción, la piedad, y el amor por el artista que fue Antonio Vega, y su caída de ángel entre agujas y rayas.

Antonio, nos emocionaste, te maltrataste, y ahora te has marchado. Solo de escuchar la canción, se me humedecen los ojos. Te deseo lo mejor, te deseo la paz allí donde te encuentres, o al menos, la placidez que da la inexistencia.