miércoles, 11 de noviembre de 2009

Muerte... y vida


Llevo varios días pensando en la muerte. En cómo nos afecta, en lo mucho que la obviamos a veces, y en lo poco que la tenemos interiorizada. Desde el día que estuve en el cementerio, cubriendo una misa dedicada a los difuntos, y cuando tuve la oportunidad de pasear plácidamente por el camposanto (una de las palabras preferidas de mi admirado Iker Jiménez), observando las lápidas, el ritualismo con el que rodeamos a los seres que perdemos, tan diferente de otras culturas, y que demuestra lo poco aceptado que tenemos ese estado de (in)existencia.

Paseé por el cementerio, y saqué muchas fotografías, por cuestiones de mi trabajo, y por gusto. Tengo que reconocer que no soy muy talentosa para ello, no tengo un "ojo fotográfico". Observé las fotografías situadas en las tumbas de personas muy jóvenes que habían fallecido. Tan sólo en el estado de sus nichos, profusamente adornados con flores, se podía apreciar el tremendo dolor de sus familias al haberles tenido que dejar marchar antes de tiempo.

Hay que reconocer que el cementerio de Rota es un lugar amplio, diáfano, nada tétrico, algo que se supone inherente a un cementerio. Es un lugar tranquilo y verde, donde se puede pasear, limpio y blanco. Como cualquier cementerio moderno. Pero me hizo pensar.

La muerte me da miedo, pero creo que es porque no la he aceptado todavía. Aunque no tengo edad para morir, y por el momento mi salud y antecedentes no indiquen que sea algo que pueda pasar en un corto espacio de tiempo (a no ser que el destino medie), mi momento para cruzar las Puertas aún es lejano. Pero he comprendido que hay que aprender a asumir lo inevitable de ciertas cosas, y cuanto antes mejor, para ser capaces de disfrutar de este estado de existencia y saber sacarle el jugo a todo lo que podemos hacer, vivir, experimentar, disfrutar, y sufrir.

El otro día, desayunando con unos compañeros, me contaron que habían estado velando a la madre, repentinamente fallecida, de un amigo. La mujer era joven para morir, y fue absolutamente inesperado, dejando a dos hijos y a un marido destrozados. Uno de mis amigos estaba especialmente impactado, pude verlo en sus ojos y en su actitud. Le había dejado una honda impresión ver los estragos que había causado en sus amigos este triste acontecimiento, ya que normalmente suelen ser personas excepcionalmente alegres y muy divertidas. Y verles así ha debido hacer sonar un "click" dentro de su cabeza.

No tenemos la muerte asimilada como algo que forma parte de nuestra vida, aunque suene extraño. Nuestra cultura, además, eminentemente cristiana católica, nos envía mensajes contradictorios, prometiéndonos una salvación al lado del Padre, o una condenación eterna en el infierno. Nuestra cultura no contempla, como otras, la muerte como un paso, como una celebración, y llena ese momento inevitable de dolor y de sufrimiento innecesarios.

De todas las fotos que saqué en el cementerio, la que más me gusta es una de un nido abandonado por las cigüeñas, lleno de pájaros. Seguramente, y hagamos un poco de fábula con esta idea, todos esos pájaros son los nuevos recipientes de las almas de algunos de los habitantes de ese cementerio, que ahora vuelan libres, observándonos sufrir por ellos desde una existencia mucho más liviana, y feliz. O a lo mejor no, pero sería bonito que así fuese.

miércoles, 14 de octubre de 2009

Quisiera ser


Quisiera ser esa belleza lánguida de un cuadro de John Waterhouse. Largas guedejas rubias, trenzadas, piel de alabastro, corona ciñendo mis sienes, Lancelot a mis pies, roto de amor.

Quisiera ser esa chavala canija, de ojos grandes, labios gruesos, esa cualquiera que enamora, protagonista de amores imposibles, objeto de pasión.

Quisiera ser la rubia recauchutada, perfecta, tetona, culona, estupenda, flotante y plástica, vestida de leopardo, tu esclava sexual.

Quisiera ser la hermosa geisha, sumisa, de nuca cálida y mórbido antebrazo, de mirada fina, avergonzada e impúdica, de trato amable, suaves modos, y dedos ágiles.

Quisiera ser la elegante dama, que pisa las mullidas alfombras de un enorme palacio, descalza, silenciosa, con la oscuridad en sus ojos y en sus cabellos, y la frialdad en la piel.

Quisiera ser la protagonista de tus sueños, lejana, intocable, inalcanzable.

Pero soy como soy. Aspirar a más, es fábula.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

Me siento petarda

Hay días que me siento petarda. Sí, no sé, como si hubiese salido de la serie esa tan de moda, Gossip Girl (serie que, por otra parte, nunca he visto, pero imagino que las protagonistas se acercarán bastante a mi idea de petarda).

Me siento liviana, ligera, que no ligera de cascos, cuidado. Me siento tontaina, molona, y con un meneíto tonto en las caderas. Petarda, tontorrona, bailonga. ¿Alguien me entiende? ¿Me estoy explicando? Lo dudo mucho.

En días petardos como éste me apetece escuchar canciones tontainas, de las que nunca escucho, de esas que pones cuando te estás maquillando para salir, o cuando te estás probando ropa y te ves bien, cosa harto complicada en mi caso. Ese estado de ánimo tan especial, que te hace creerte que eres una partner en un videoclip de la Beyoncé, es decir, divina, mortalmente divina, que te sales: a eso le llamo yo sentirse petarda.

Incluso me entran ganas de ponerme tacones, y eso que yo soy incapaz de soportarlos.

Que alguien me recuerde que no tengo nada de petarda, por favor.

Para ambientar mi petardeo, os dejo este "temazo" de The Veronicas, que ilustra perfectamente mi sensación de hoy. Aunque ya se me va pasando, mira, mira como se va...

miércoles, 26 de agosto de 2009

Feliz, feliz no cumpleaños


En realidad, el cumpleaños es mañana, pero no será un día muy bueno para escribir. Demasiado trabajo. Y es que por mucho que intente que mi cumpleaños sea exactamente tal y como lo siento, un día especial, siempre es de lo más común y ordinario. En este caso, el día que más trabajo tengo en la semana.

Las maneras que tengo de celebrarlo dentro de mi, siempre hacen que se convierta en un día que espero con muchas expectativas, incluso me despierto especialmente feliz, como la mañana de Reyes. Aunque este año lo recibo algo triste, y no por los años, que me dan igual, sino por el tonto y egoísta motivo de que mis padres no estarán conmigo para celebrarlo. Ellos están celebrando su amor en París, y me parece un motivo de lo más contundente para que no estén conmigo mañana. Pero me pongo tontita.

Bueno, un año más. Más vieja, más gorda, más tranquila, más equilibrada según el día. No está mal.

sábado, 22 de agosto de 2009

El calor


Nínive se encogió, y sus cabellos del color de las algas wakame se retorcieron sinuosamente en las aguas verdes del Índico.

El hombre se había marchado, y su propia carne fría, delicada, opalescente como la de un pescado, sintió por primera vez la desazón del abandono. Extendiendo los brazos, Nínive se desplazó perezosamente hacia una corriente cálida, intentando recuperar lo perdido.

Aquel hombre la había acompañado durante días: no quizás entendiendo el tiempo como sabía lo entendían sus primas, las náyades, que medían el paso del vetusto Cronos basándose en los lentos giros de la tierra, pero estaba segura de que eran días. Los suficientes para haber comprendido, haber perdido y ahora hacerse preguntas.

El hombre había bajado, como una exhalación, a los dominios de su padre, despertándola de esa especie de ensueño sin sueño que disfrutan los habitantes del empíreo líquido. Sintió las ondas en el agua provocadas por el peso de su cuerpo, y se acercó a él, dueña del entorno y sabiendo la fascinación que en los momentos previos a la asfixia estaba causando en aquel extraño, que ante su visión no sólo no la temía, sino que olvidaba tratar de sobrevivir.

Insufló un beso salvador en aquellos labios cálidos, y le ofreció así la vida. El hombre pudo ver, pudo respirar bajo su mismo techo, y cruzaron una sonrisa mientras se examinaban el uno al otro.

Oh, la carne trémula, cálida, del suave color aceitunado. Los ojos negros, el cabello negro como las simas de las Marianas, de una negrura hechizante. Nínive aprendió a acariciar, a entregar su envolvente ser a aquel extraño, bajo las aguas del extenso reino de su padre.

Un sobresalto. Si hubiese sido una mujer terrestre, quizás Nínive hubiese reconocido, a pesar de la incongruencia, un escalofrío en su lánguido cuerpo hecho para atravesar el agua. Recordar aquellos días de placer la hacía sentir extraña.

Tanto le contó, aquel hombre, de su hogar… de sus verdes praderas sobre las que se podía caminar, de los vivos colores, que recordaban a los jardines de coral repletos de estrambóticos peces; de la suave caricia del sol sobre la piel, húmeda, al secarse, del erizarse de ésta; de los deliciosos frutos, pendientes de los árboles, jugosos, derramantes… y siempre veía en aquellos ojos negros un destello de tristeza.

Cada vez los abrazos eran menos prolongados, y Nínive observaba que su influjo sobre aquel ser disminuía. Ya no era capaz de satisfacerle, de acogerle en su pecho para entregarle un amor tan solo destinado a dioses.

El motivo era, sin duda, el recuerdo que teñía sus ojos de plata.

Un día el hombre marchó. Dejó en su pensamiento un mensaje, sabedor de que Nínive lo leería, mientras le observaba, compleja e inocente, alejarse hacia la superficie. Y en el mensaje el hombre le confiaba la verdad.

Nínive atravesó las aguas hasta ver dorados destellos que la cegaban, sus enormes ojos de color inenarrable, tan sólo comparables al mar bravío. Su espléndida cabeza emergió de la profundidad, y sintió como el sol la acariciaba hasta secarle la piel. Nadó, satisfecha, hasta un banco arenoso. Y se dejó ir, exhausta.

El gran rey se movió, despacio y como en un sueño, hasta aquel lugar en el Índico. El pesar hacía fluctuar sus barbas entre las ondas, causando temor entre sus súbditos, que se apartaban silenciosamente a su paso. No sabían los pensamientos que llenaban la cabeza de su gran señor.

El gran rey llegó hasta el banco de arena, en el que yacía su hija, Nínive, exangüe bajo el sol. El conductor del carro, se dijo, no habrá reparado en lo que ha sucedido.

Tocó a su hija. Tenía la piel caliente, seca, pero en sus labios aparecía una sonrisa. Un juguete roto, devorado por los pájaros.

Nínive había deseado retener en su cuerpo el calor del sol, al igual que sus hermanas terrestres, y curtir su piel transparente para ofrecerle a aquel hombre la belleza que produjo su nostalgia.

viernes, 14 de agosto de 2009

Sudor y furia


El calor. Es muy jodido el calor. Ya lo decía Lorca, que en los días de calor, y sobre todo en Agosto, pasan cosas muy malas.

El calor nos convierte en animales, desata en nosotros cierta malignidad, nos empuja a mirarnos con ojos aviesos, y a molestarnos por cosas que, en otros momentos, no nos molestarían. Venía por la calle y ya he visto dos enfrentamientos de personas por motivos asombrosamente estúpidos. Pero el culpable es el calor.

El calor nos transforma, nos corrompe, nos hace hervir la sangre, y no para bien. Asfalto ardiente, arena que quema, multitudes ansiosas, prisas, la náusea. Y un enorme ventilador.

El calor te aplasta, te deja inútil, te ablanda el cerebro, y dicen que desata crímenes. Lorca lo decía siempre, que el calor saca las navajas, y los temperamentos. Las pasiones son más negras, y la paciencia se acaba mucho antes, evaporada.

Me encanta el invierno.

martes, 4 de agosto de 2009

La llave maestra


A veces quisiera ser el ama de llaves, la que tiene la llave que abre todas las puertas. Quisiera poder abrirlas para vosotros, de par en par, para que entráseis libres y felices, y no a empujones, o pasar de largo ante ellas.


Quisiera tener la llave para la puerta que da a ese lugar, donde los miedos y las inseguridades son superados, donde no existe el temor a ser abandonado, donde nos vemos en un espejo tal y como somos, limpios, grandes, libres y merecedores de recibir amor. Pero esa cerradura está algo alta.


Quisiera tener la llave de tu cabeza, en la que estás encerrado tú, en la que te sientes un pequeño monstruo indigno de recibir cariño, y que siente que, si lo recibe, es por pena, por misericordia. Quisiera abrirte de un soplido los ojos, y que cayeran de ellos las escamas que te impiden ver tu enormísimo talento, tu capacidad de amar, y de ser amado por los demás, tu miedo a compartir tu dolor con alguien que te ame sin condiciones, porque, para ti, es mejor hundirse solo y destrozado antes que pedir ayuda a quien te la está ofreciendo sin condiciones. Ojalá, por encima de todo, tuviese esa maldita llave, mi querido amigo.


Quisiera tener la llave para superar el recuerdo, el dolor, las heridas, y que da paso al futuro, no al olvido, pero si a la comprensión, y a la aceptación.


Quisiera tener la llave de los candados que atan vuestras lenguas, para deshacer los nudos, para daros la llama de nuestro Pentecostés personal, que nos lleve a comunicarnos entre nosotros mismos, a abrirnos, a decirnos las cosas que tenemos dentro y que, muchas veces, son a su vez pequeñas llavecitas que abren minúsculas puertas blancas en nuestro interior.


Quisiera tener la llave de tu corazón, herrumbroso, oxidado, carcomido por las lágrimas, para desencajarlo y abrirlo, para que deje pasar de una vez toda la luz del sol.


Pero lo único que puedo ofreceros es la llave que abre mi ser para vosotros, y muchas veces, no sirve de nada.

viernes, 26 de junio de 2009

Billie Jean, ahora solitaria


Es triste y previsible que actualice en un día como éste, pero era inevitable. Soy una persona que no puede dejar de reaccionar ante aquellas cosas que despiertan sus recuerdos, y la muerte de Jacko es una de esas cosas.

Desde pequeña, quien me conoce lo sabe, me han encantado los videoclips. Cuando me preguntaban qué quería ser de mayor, decía que VJ de la MTV. No es coña. Hasta mi hermano se ha metido conmigo siempre por éso, porque al ver tantos videoclips, inevitablemente, estaba al día en música, y a veces era pintoresco por mi corta edad que conociese a ciertas bandas.
Mi hermano se metía conmigo, pero imitaba cuando era enano a Michael en el vídeo de Bad, que era para morirse, cantando "ampé, ampéeee" (traducción: I'm bad, I´m bad). También Emiliano, mi pareja, me recuerda que ponga que de pequeño quería ser Michael Jackson, emulando sus bailes y sus gestos más famosos. Aún hoy día intentamos hacer el moonwalk, sin éxito.

Huelga decir, porque todos los sabéis, que junto con el clip Bad Boys, de Duran Duran, Thriller marcó un antes y un después en la historia de los vídeos musicales. A quién no nos sedujo esa historia teen de terror, con un bailarín como ninguno haya pasado por la faz de la tierra. Por éso deberíamos recordarle, aunque en mi fuero interno me intrigue el por qué de su tremendo devenir.

A lo mejor tener éxito desde tan pequeño le robó la infancia, y le hizo convertirse en el extraño que ha fallecido en también extrañas circunstancias. Una muerte que, aunque inesperada, por otra parte era "exigible" a un icono tan enorme del pop. ¿Magnicidio?

De pequeña uno de mis videos musicales favoritos siempre fue Billie Jean, y esas losas iluminándose bajo los pies de Michael.

Aquí os lo dejo, para quién quiera disfrutarlo conmigo. (Y a partir de ahora prometo actualizar más a menudo ;) )
(os dejo el enlace, porque no es posible hacer una inserción del vídeo)

Billie Jean / is not my lover...

martes, 26 de mayo de 2009

Necesito calma

En días como hoy, necesito calma. Tengo el cuello rígido de la tensión, lo que hace que me duela la cabeza. Algo que ya ni recuerdo ha actuado como resorte, y ahora tengo que lidiar con este malestar. El viernes tenía una cita en el Ayuntamiento para entrevistar a alguien.

El Ayuntamiento de mi ciudad es un antiguo castillo, y hace pocos años fue restaurado para albergar la casa consistorial. Qué desagradable fin.

Llegué antes de lo acordado a mi cita, y además, mi entrevistada se retrasaba. Me senté en un regio banco en el patio central del castillo, vacío debido a la celebración de Santa Rita, patrona de los funcionarios. Me dediqué a respirar en el silencio, en el frescor de la umbría, disfrutando del susurro chorreante del agua de una fuente que decora el patio, y observando a una bandada de golondrinas que volaban una tras de otra alocadamente, en círculos, persiguiéndose entre las columnas sin errar nunca la trayectoria.

El cielo era azul, el griterío de los pájaros, el frescor del patio, el cántico del agua... duró tan solo cinco minutos, pero fue estimulante para empezar el día. Aquí os dejo un video que grabé, y que no hace justicia al momento.

Necesito calma...

video

jueves, 21 de mayo de 2009

Obsesiones y mitos: la Dalia Negra


Las redes sociales tienen a veces efectos en curiosos en las personas. El caralibro, por ejemplo, juega un papel destacado en el desarrollo de esta historia.

El caralibro tiene multitud de juegos y tests absurdos que uno cumplimenta para darse a conocer un poco más a los demás, en un ejercicio inocente (la mayoría de las veces) de exhibicionismo. En uno de estos tests, una amiga, inteligente y sensible donde las haya, refería a cinco personajes a los que resucitaría. Y entre ellos estaba Elizabeth Short.

No la recordaba, hasta que mi amiga me la recordó. Y por un momento contuve el aliento. No me considero una persona especialmente impresionable, pero el caso de Beth, que ya forma parte del imaginario colectivo del horror, ha sido una de las historias que más me han impresionado en toda mi vida.

Para quien quiera informarse cumplidamente de lo que acaeció a esta aspirante a actriz, puede encontrar millones de entradas de blog como ésta hablando extensamente del asunto, ver las cruentas y terribles imágenes del estado en que encontraron a esta mujer, y detalles de toda la investigación que acarreó el asesinato no resuelto más famoso de Los Ángeles. Yo os dejo aquí un link de una página web americana, un tanto sensacionalista, que incluso vende chapas pidiendo "justicia" para Beth Short.

En lo que a mí respecta, este asesinato me marcó desde el día que lo conocí, y es difícil de olvidar. Anoche, recordando, volví a ver la secuencia de fotografías que se conservan y se han difundido ampliamente por la red de la pobre Elizabeth, una muñeca rota, dantesca, la representación más tremenda que nunca he visto del desprecio hacia la mujer como ser, hacia la propia feminidad. Un sinsentido, una aberración, porque todo lo que sufrió no puede ser justificado de ningún modo. Como bien recordaba mi amiga en el caralibro, Beth sólo quería ser querida, llamar la atención de alguien y que la cuidasen. Su destino nadie podía imaginarlo, salvo la persona que seguramente lo estuvo soñando y deseando con manos temblorosas durante más de una noche. Me costó conciliar el sueño.

Lo que más me llama la atención de este suceso es la cola que ha traído. Novelas, estudios, ensayos, investigaciones amateurs, y más de un oportunista que ha intentado lucrarse aseverando poseer nuevos datos acerca del caso. Pero llama muchísimo la atención que, en su gran mayoría, son hombres los que han desarrollado una extraña fascinación por este caso. El desmembramiento de Beth podría tener un paralelismo con ese sentimiento que retrataba Buñuel en su película Tristana, protagonizada por la bella Catherine Deneuve. La película gira en torno a la falta de un miembro, concretamente una pierna, de la protagonista. La pierna que no está es el objeto de deseo, lo que atrae las miradas de los espectadores. La deconstruida Beth ejerce sobre muchos una especie de atracción similar e inexplicable.

Quede aquí mi particular homenaje, si es que se le puede llamar así, o recuerdo, o reconocimiento de que la impresión que causó en mi Elizabeth Short se la podía haber ahorrado la larga tradición de psichokillers que nos ha dado USA. In God we trust.

martes, 12 de mayo de 2009

Adiós al pálido trovador



Me sacude la noticia, una noticia triste, aunque no inesperada. Ha fallecido Antonio Vega, tras una larga neumonía, con un cáncer de pulmón, y otros lastres que se fue colgando a lo largo de su vida.

Recuerdo la primera vez que escuché una canción suya. Como para muchos, mi primer flechazo fue con su tema 'El sitio de mi recreo', una canción hermosa, tranquila, con un eco lejano de muerte, de desolación, de lejanía. Su voz, clara, limpia, te decía las cosas de una manera directa, como cuando dices algo muy importante, muy sentido, mirando a la otra persona a los ojos.

A partir de ahí, fue mi padre el que empezó a comprar discos de Nacha Pop, y pude disfrutar de otras canciones como 'Lucha de gigantes', que es una de mis preferidas. 'En un mundo descomunal, siento mi fragilidad...'

En sus discos en solitario también encontramos, mi padre y yo, letras hermosas y emocionantes, interpretadas por este hombre frágil y cristalino, consumido por sus adicciones, y que, según me ha contado una amiga que le conoció, era un hombre de una inteligencia sobrehumana, al que interesaba sobremanera el cosmos, las ciencias, las estrellas...

Al final su cuerpo no ha aguantado más. Me impactó, y lo recuerdo ahora, el último programa que hizo Miguel Bosé para Televisión Española, en el que interpretaba canciones de su disco Papito acompañado de numerosos artistas. Uno de ellos era Antonio Vega, que en un momento del programa aparecía sentado en un pequeño sofá, si no recuerdo mal. Se le veía pequeño, agotado, a punto de quebrarse, y recuerdo perfectamente a Miguel Bosé, sentado a su lado casi sin querer rozarle, consciente de que si se movía mucho podría estallar el cristal del que estaba fabricado Vega, y pude ver en los ojos de Bosé la emoción, la piedad, y el amor por el artista que fue Antonio Vega, y su caída de ángel entre agujas y rayas.

Antonio, nos emocionaste, te maltrataste, y ahora te has marchado. Solo de escuchar la canción, se me humedecen los ojos. Te deseo lo mejor, te deseo la paz allí donde te encuentres, o al menos, la placidez que da la inexistencia.

domingo, 26 de abril de 2009

Extraños son los caminos que nos hacen encontrarnos...


Encontrarnos, reencontrarnos, y dejarnos atrás. Me intrigan los intrincados hilos que se tejen y enmarañan para hacer que nos juntemos, nos separemos, nos olvidemos de nosotros, de los otros.

Basta que un amigo venga una noche de manera casual para que, de repente, personas a las que tenías olvidadas, a las que encuentras en ese juego de casualidades, entren de nuevo con fuerza en la vida de uno para devolvernos la esperanza de que, sí, existe gente buena por ahí, e incluso gente a la que merece la pena conocer.

O que alguien, por curiosidad, te devuelva un email motivado por la desconfianza, para que sepas de alguien que perteneció a tu vida en un momento en que estabas más fuera que dentro de tu mente, y puedas relativizar y poner las cosas en su sitio justo, sentimientos y sensaciones, significados. Cerrar círculos.

O solamente un sueño, en el que de repente abrazas con fuerza a alguien a quien tienes lejos, a quien no ves hace tiempo, y a quien quieres como solo se puede querer a un hermano, a un igual.

O que alguien a quien creías haber perdido vuelva con fuerza para demostrar que nunca se fue, nunca, porque hay cosas, que a pesar de los males, de las enfermedades crueles de la mente, nunca cambian. Y gente a la que pierdes, vete tú a saber por qué.

El otro día un buen amigo mío, una de esas personas a las que he descubierto que quiero de manera especial, me dijo en una medio-discusión por el messenger que entendía mis argumentos "porque yo todavía creo en las personas". Sí, creo en las personas. Da miedo, y llega un momento de tu vida en que no te apetece ni creer, ni conocer, ni arriesgar. Pero el riesgo, a veces, es deliciosamente cálido, y merece la pena.

Brindo por esas personas que hacen que me pregunte por esos hilos enmarañados, como los de un tapiz enorme, tejido por no se quién, pero que ha hecho que una vez más sea valiente y me enfrente a las letras y a mí misma por unos minutos. Gracias por recordarme que la vida se compone, básicamente, de madejas de todos los colores del espectro.

lunes, 6 de abril de 2009

Holy week, what the fuck...


Comienza la Semana Mayor y yo solo lo noto en que tengo más trabajo y en que muchos van por la calle que no caben en sus trajes. ¿Sabéis de esos cuadros de la Edad Media con escenas religiosas en los que existía un subtexto sexual? Por ejemplo, recuerdo uno en el que se veía a un grupo de hombres maltratando a un santo (ignoro cual, pero tipo San Sebastián), y todos ellos lucían en el óleo significativas erecciones bajo sus calzas rojas. No es broma, era la única forma que se tenía de hablar de sexo en ese momento. Pues cuando veo a estos tíos por la calle con sus trajes y su pin de la hermandad en el pecho, me acuerdo de éso.

El otro día, sin ir más lejos, tuve un momento "divino" que resume toda esta situación. En una iglesia, tuve la oportunidad de presenciar cómo en el púlpito, un señor que es homosexual declarado, tras hacer una loa a su hermandad, arremetía con pasión inusitada contra "aquellos asesinos de niños no natos que se esconden tras ideologías que ellos llaman progresistas". En ese momento, un señor mayor salió de la iglesia tapándose los oídos. Estuve lenta y no le pude retratar. Me quedé congelada en mi silla plegable. A mi me resultó lo más hipócrita que había oído en semanas. ¿La sodomía no es también, según la iglesia, un pecado?

De pequeña daba catequesis en esa iglesia. Recuerdo que me escapaba de la pequeña aula y me metía en la nave mayor, cerrada al público, oscura, y me encantaba sentir la sensación de miedo de estar sola y rodeada de imágenes que podían cobrar vida, como en el cuento de Becquer 'El guantelete de piedra' (creo que se llamaba así). El arte sacro siempre me ha producido una sensación extraña de placer y de repulsión, como el morboso que mira un cadáver espachurrado al pasar a su lado por la carretera. Luego mis padres tuvieron que asimilar que no creía en nada de lo que me habían inculcado, pero esa es otra historia, larga y que otro día igual cuento.

La Semana Santa ha empezado, y ya estoy deseando que termine. Por cierto, la foto (que a mi me pone los vellos de punta, a lo mejor a alguno le parece "una monada") la saqué una noche, volviendo de un gran concierto, en un escaparate de una óptica de Jerez.

miércoles, 18 de marzo de 2009

El miedo a estar solo


Anoche, viendo la tele, y tras un día en el que las cosas no me habían ido especialmente bien, me dispuse a ver una de esas series americanas que, sin ser demasiado buenas, me entretienen. Ya me conocéis, y para los que no, pues las series de policías y demás agencias estadounidenses me chiflan.

En esta ocasión, un joven agente, presumiblemente afectado porque uno de sus compañeros había sufrido una importante lesión en acto de servicio y se reincorporaba al trabajo, para admiración de todos, antes de tiempo, intenta de todas las formas posibles impresionar a su jefe de equipo, llegando a cometer una estupidez enfrentándose solo a un joven a punto de activar una bomba.

Tras el día que había tenido, esa tontería de la serie (es que le doy muchas vueltas a todo), me hizo reflexionar acerca de las cosas que algunas personas podemos llegar a hacer por no perder el afecto de los que amamos, o simplemente de los demás.

Algunas personas necesitan hacer llegar a su entorno continuamente como un pequeño grito ahogado que dice "estoy aqui, no me olvidéis", y ese grito puede tomar formas de muchos tipos: afán de protagonismo continuado, un comportamiento inadecuado o estridente, o, simplemente, ir contracorriente, o incluso dejar de comer.

Estas cosas son muy básicas: por afecto, por no sentir el abandono, somos capaces de mucho más, de muchísimo más, pero me remito a ejemplos cercanos, recientes, y conocidos.

Me pregunto si, por conservar el afecto que más me importa conservar, seré capaz de ir contracorriente, sacrificarme, y dejar esta rebeldía psicótica que me posee desde hace tiempo y me impele a hacer todo lo contrario a lo que se supone soy capaz de hacer para mantener el estado ideal de las cosas.

miércoles, 4 de marzo de 2009

Cuando una quiere que la vida sea como un anuncio de compresas


Cuando veo los anuncios de compresas me pongo de mala hostia. Supongo que todas me entenderéis. No entiendo por qué intentan vendernos la idea de que la regla es algo maravilloso, divertido, creativo, cuando en realidad la mayoría de los casos es pegajosa, sucia, dolorosa, desagradable, incómoda, y una serie de calificativos que no invitan a ver colorines, flores, ni a cantar.

Pero en días como hoy preferiría vivir en una de esas ficciones coloreadas antes que estar en mi piel. Un día de mierda. De esos en los que parece que te ha aplastado el cerebro una apisonadora y eres absolutamente incapaz de ser productiva ni en el trabajo, ni en nada.

Para estos días no tiene por qué haber razones concretas, basta cualquier tipo de suceso para que, que aunque sea pequeño, colme ese vaso que todos tenemos dentro para recoger ciertas cosas goteantes, y activa el mecanismo de "cerebro out". De verdad, que ganas tengo de que se me pase ésto, y de volver en mí. Estas fases, que seguramente son necesarias para nuestra cordura, a mi me desesperan. Y os doy un consejo: empatizar es bueno, pero solo hasta cierto punto.

martes, 10 de febrero de 2009

Desmontándome


Ikea. Ese mundo enorme lleno de muebles desmontables, puzzles para mayores, o como me decía un buen amigo el otro día "para satisfacer nuestra necesidad de hacer algo con nuestras propias manos".

La mudanza ha terminado, y ahora hemos pasado la fase de montar la mitad de los muebles de casa. Con una llave allen y un poco de predisposición, puede uno solito montar dos butacas, un comedor, estanterías o un futón. Menos mal que tengo a mi padre, que no me va a dejar de querer por ésto. En realidad yo solo monté dos butacas y dos reposapiés. Nivel 1 para montadores de Ikea.

Mi padre se enfrentó al futón, muchas tablitas todas iguales que habían de encajar de una manera concreta. Ahí ya hablamos del nivel 3, por lo menos. Y lo bien que ha quedado... menos mal que tengo a mi padre.

Ahora sólo me queda ponerlo todo en su sitio, deshacer lo que he hecho con tanta prisa, y empezar a llenar de vida este lugar.

viernes, 30 de enero de 2009

Spank me sweetly...


Nos ha dejado un icono sexual de los que marcan y dejan al resto de las mujeres a la altura del betún. Pocas pueden presumir en el Hall de San Pedro de haber sido la revienta braguetas más famosa de EEUU, ni de haber convertido un flequillo y una actitud en una tendencia difícil de igualar, hasta el punto de que hoy muchas (las que pueden, y entre las que no me encuentro) intentan emular.

Nos ha dejado Betty Page, su flequillo salvaje, su piel de alabastro, sus curvas bien puestas. Una muchacha con aspecto sano, que con una sonrisa de lo más inocente enseñaba en sus fotografías cómo usar una fusta, un látigo, o las delicias del bondage. Desde su primera aparición en Playboy, como la chica del mes de enero, e incluso antes, en sus primeras fotos en las que elevó a las mayúsculas el concepto de pin up, hizo saber lo que valía.

Betty Mae, un bombón, con su lencería negra, su larga melena como la pez, la reina de los posters y de las barajas de poker de los años 50. Icono sadomaso, retratada en tatuajes, imitada hasta la saciedad. Una reina que ha dejado la vida a causa de una neumonía, y de la cual es casi imposible encontrar una fotografía reciente, ya que se negaba rotundamente a ser retratada. Quizás era consciente de lo que fue y de lo que será.

Betty, inspiradora de la algo menos inocente Clara de Bernet, y de tantas otras mujeres, bailarinas de burlesque, cantantes, actrices, adolescentes amantes del rouge à lévres.

Te perdono que abandonases tu trono por convertirte en una cristiana recalcitrante. Pero, quizás a tu pesar, tus guiños y tus azotes te sobrevivirán. Larga vida a Betty Page.

martes, 27 de enero de 2009

Mudanzas y sus consecuencias

Inicio esta aventura de tener un blog llena de ilusión. La verdad es que siempre había querido tener uno, y lo cierto es que no sé si tendré lo que hay que tener para mantenerlo a flote, pero intentarlo es lo fundamental.

Primero quería dar las gracias a mi amigo-hermano Octavio por diseñarme este blog precioso, tan lleno de cosas y detalles que me gustan. Gracias!!!

Luego, continuar diciendo que normalmente mi tiempo está muy dado al trabajo, de hecho estos días me encuentro en plena mudanza: estreno casa y oficina, y el estrés me está superando a veces. Mudanza de muebles, de papeles, y de carácter, porque por cada mueble que se mueve, surge una discusión o mal humor como por arte de magia.

Lo importante es (o debería ser) la ilusión por comenzar una nueva etapa y por empezar cosas nuevas. No importa a dónde lleven los cambios, sino cómo somos capaces de asumirlos y de sacarles el jugo.

Bienvenidos al País de las Maravillas.